Cuando se le plantea a alguien si se siente conforme, representado y en tranquilidad con su consciencia por el partido político y el candidato al que vota, muchas veces la respuesta es dubitativa o dada bajo la sombra de una sugerente mueca, cuando no abiertamente negativa, pero se vota de cualquier forma a dicho partido por considerarlo menos malo, tal vez por cierta sensación, entre otras posibilidades, de que si no lo hace beneficia de alguna forma al contrincante que entiende más malo.
Todos quienes han sabido satisfacer las demandas de la propia conciencia sabemos que existen pocos placeres comparables a esa paz que emana de haber desplegado el coraje para escucharse a sí mismo y actuar en consecuencia. Pueden haber diversas razones por las que muchos votantes no se sientan conformes con los partidos existentes, aún cuando los voten a pesar de cierta desaprobación que surge de esa sutil pero elocuente voz interna, entre ellas y sin pretensión de ser abarcativos, podrían encontrarse una combinación de percepciones respecto a que se considere que grandes cantidades de políticos de esos partidos carecen en alguna medida de competencia política, de verdadero interés patriótico o de vocación de servicio público, carencias de fuerza, entusiasmo, idoneidad del carácter, de profundidad intelectual, cultura general o ética, de experiencia en el ámbito privado, de manejo de personal, de gestión en general, de conocimiento de la realidad mundial, etc.
Es lamentablemente sencillo verificar que los partidos en la actualidad actúan en general por las necesidades impuestas por el electorado. La política en el presente queda mejor definida, no como el arte de gobernar, sino como el arte de alcanzar el gobierno, cosa que podría implicar la existencia de pensamientos e intenciones de dudosa claridad. Por ende, no parece ilógico considerar que el voto conformista o a veces llamado “útil”, que suma simplemente al partido considerado menos malo, estimula precisamente el arraigo de ese pobre requerimiento político, carente de aspiraciones y anhelos superiores, al no generar la necesidad electoral de que un partido sea más que eso para una porción suficiente de la sociedad.
Existen algunos prejuicios respecto a las implicancias, no solo conceptuales sino utilitarias de votar en blanco, tal vez provocadas por simple ignorancia o por algunos partidarios con dudosa intención que generan una distracción de lo conceptual a lo utilitario, como por ejemplo que el voto en blanco cuenta como voto para el más votado o que de alguna extraña forma suma al partido contrario, o que otorga el dinero asignado por el Estado al primero, entre otros. O saliendo ya de lo utilitario, en ocasiones puede observarse una variante de un planteo milenariamente arraigado en nuestra a veces intolerante civilización del estilo “estás conmigo o estás contra mí”, pretendiendo forzar al ser a una elección artificial entre posiciones ajenas a si mismo, como si no pudiese existir una posición propia, al expresarse o sugerirse que el voto en blanco es un voto anti-democrático entre otras cosas que como las mencionadas anteriormente, son falsas como es sencillo demostrar, he aquí algunos hechos verificables:
- El voto en blanco no suma directa ni indirectamente a ningún partido político y de ninguna forma. Ellos no son tenidos en cuenta en la "repartida" parlamentaria.
- El voto en blanco no otorga ningún tipo de beneficios económicos a ningún partido político ni a sus integrantes, solo los votos válidos y a favor de un partido lo hacen.Ley 18485.
- El voto en blanco no cambia en absoluto las posibilidades de que el partido considerado “más malo” “gane en primera vuelta” (sea cual fuere ese partido), puesto que para hacerlo se requiere la mitad de los votos emitidos (Art. 151 de la Constitución de la República), tanto da que se vote en blanco como a otro partido considerado “menos malo”, el número de votos totales y a favor requeridos es exactamente el mismo.
- El voto en blanco no es anti-democrático. Ni lo es tampoco conceptual o simbólicamente, nada más democrático y enaltecedor que exigir como requerimiento para votar a un partido que el mismo sea digno de ese acto cívico.
- Se nos ha señalado que el voto en blanco en porcentajes relevantes podría manipularse, aunque falsamente, como un argumento golpista (primordialmente por quienes vivieron la reciente etapa de dictadura). Esto podría eventualmente ser considerado en un contexto internacional como el de la Guerra Fría y de una eventual sociedad que cuente con alguna fuerza, militar o de cualquier índole, de suficiente poder y competencia para ello, pero ciertamente ambas cosas han cambiado drásticamente. Además, en la medida que el voto en blanco aumente también lo harían los nuevos partidos que busquen captar dichos votos, o en su defecto cambiarán los partidos existentes para hacerlo, por lo que no debería el voto en blanco llegar a porcentajes exorbitantes. El voto en blanco no debería existir para ser mayoritario sino para fomentar el momento, que bien puede no ser en el corto plazo, en que deje de emitirse como tal y se transforme en un voto a favor de un partido que se considere adecuado.
Powered by jWarlock jwFacebook Comments
|